Durante décadas, la sociedad ha tendido a invisibilizar la sexualidad de las personas mayores. Sin embargo, los datos cuentan una historia muy diferente. La reciente Encuesta Nacional de Salud Sexual (2ª edición) realizada por el CIS confirma algo que desde la Silver Economy venimos observando desde hace tiempo: la sexualidad sigue siendo una dimensión importante del bienestar, la salud y la calidad de vida de muchas personas mayores.
Lejos de los estereotipos que asocian el envejecimiento con la desaparición del deseo o de la actividad sexual, la realidad muestra que una parte muy significativa de las personas mayores mantiene una vida sexual activa, satisfactoria y vinculada al afecto, la intimidad y las relaciones de pareja.
La sexualidad no desaparece con la edad
Uno de los datos más llamativos de la encuesta es que el 75,2% de las personas entre 55 y 64 años ha mantenido relaciones sexuales durante el último año. Entre quienes tienen entre 65 y 74 años, el porcentaje sigue siendo muy elevado, alcanzando el 59,6%.
Incluso entre las personas de 75 años o más, prácticamente una de cada tres mantiene actividad sexual.
Estos datos desmontan una idea todavía muy extendida: que la sexualidad deja de formar parte de la vida de las personas a partir de cierta edad.
La realidad es que la sexualidad evoluciona, se adapta y adquiere nuevos significados, pero continúa siendo relevante para millones de personas.
La pareja estable sigue siendo el principal espacio de intimidad
La encuesta refleja que la sexualidad sénior está estrechamente vinculada a relaciones estables y duraderas.
Más del 86% de las últimas relaciones sexuales declaradas por las personas mayores se produjeron con una pareja estable, mientras que las relaciones ocasionales representan porcentajes muy reducidos.
Además, la gran mayoría de quienes tienen pareja conviven con ella, especialmente a partir de los 65 años.
Estos datos sugieren que, en las edades más avanzadas, la sexualidad está profundamente relacionada con aspectos como la confianza, la complicidad, el afecto y el bienestar emocional.
La frecuencia disminuye, pero el interés permanece
Como cabría esperar, la frecuencia de las relaciones sexuales disminuye con la edad.
Sin embargo, esto no significa una pérdida de interés.
Entre quienes mantienen actividad sexual, casi la mitad de las personas de 55 a 64 años declara tener relaciones al menos una vez por semana. Incluso en edades más avanzadas sigue existiendo una actividad significativa, aunque más espaciada.
La reducción de la frecuencia parece estar más relacionada con factores de salud, disponibilidad de pareja o circunstancias vitales que con una desaparición del deseo.
La autoestimulación sigue siendo habitual
Otro dato que rompe prejuicios es la presencia de la masturbación en todas las franjas de edad analizadas.
La mayoría de las personas entre 55 y 64 años declara haberse masturbado alguna vez en solitario, y los porcentajes siguen siendo relevantes incluso entre quienes superan los 75 años.
La sexualidad, por tanto, no depende exclusivamente de la existencia de una pareja, sino que forma parte de la experiencia personal y del bienestar individual.
La salud, principal condicionante de la vida sexual
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que la principal barrera para la vida sexual en edades avanzadas no parece ser la falta de interés.
La salud emerge como un factor determinante.
Mientras que solo un 1,4% de las personas de 55 a 64 años señala que su estado de salud dificulta su vida sexual, este porcentaje aumenta hasta el 17,6% entre quienes tienen 75 años o más.
Las enfermedades crónicas, los tratamientos farmacológicos, las limitaciones funcionales o determinadas patologías pueden afectar a la vida sexual, poniendo de manifiesto la necesidad de abordar la salud sexual como parte integral del envejecimiento saludable.
Un ámbito todavía poco visible en el sistema sanitario
Las dificultades sexuales constituyen también un motivo frecuente de consulta médica.
Problemas relacionados con la disfunción eréctil, la falta de deseo, las dificultades para alcanzar el orgasmo o determinadas molestias físicas llevan a muchas personas mayores a buscar ayuda profesional.
Sin embargo, sigue existiendo cierta invisibilidad de la sexualidad en las consultas sanitarias, donde con frecuencia se da por hecho que deja de ser una cuestión relevante a partir de determinada edad.
La evidencia demuestra justamente lo contrario.
¿Qué implicaciones tiene para la Silver Economy?
La longevidad está transformando todos los ámbitos de la sociedad, y la sexualidad no es una excepción.
Los datos del CIS muestran oportunidades de innovación y desarrollo en múltiples sectores:
Servicios sanitarios especializados en salud sexual y envejecimiento.
Productos adaptados a las necesidades de las personas mayores.
Turismo y ocio orientados a parejas sénior.
Soluciones tecnológicas para combatir la soledad y favorecer las relaciones personales.
Campañas de comunicación que visibilicen una imagen realista y positiva de la sexualidad en la madurez.
En definitiva, la sexualidad forma parte de la calidad de vida, del bienestar emocional y de la salud integral de las personas mayores. Ignorar esta realidad no solo perpetúa estereotipos, sino que dificulta el desarrollo de servicios, productos y políticas más ajustados a las necesidades de una sociedad cada vez más longeva.
Una nueva mirada sobre el envejecimiento
La principal conclusión de la encuesta es clara: las personas mayores no dejan de ser personas sexuadas.
La sexualidad continúa presente, aunque adopte formas distintas a las de etapas anteriores de la vida. Hablar de ella con naturalidad, sin prejuicios ni paternalismos, constituye un paso necesario para construir una sociedad más inclusiva y una Silver Economy más conectada con la realidad de quienes superan los 55 años.
Porque envejecer no significa renunciar al deseo, al afecto, a la intimidad ni a las relaciones. Significa vivirlos de otra manera.
