Silver Economy Group, líder en el desarrollo de proyectos de ciudades amigables con las personas mayores en toda España

España está cambiando de forma silenciosa pero imparable. Según las últimas proyecciones del Instituto Nacional de Estadística, algo más del 21% de la población española tiene ya 65 años o más, y esa proporción no ha hecho más que crecer en las últimas décadas. El dato que debería hacer reflexionar a cualquier responsable municipal es otro: la proporción de personas de 80 años o más se duplicará en las próximas décadas.

Esto no es una previsión lejana ni un debate abstracto de demógrafos: es la realidad con la que ya conviven cientos de ayuntamientos españoles, desde grandes áreas metropolitanas hasta pequeños municipios rurales que ven cómo su pirámide de población se invierte año tras año. Este cambio demográfico no es, en sí mismo, un problema: vivir más años es una de las grandes conquistas del siglo pasado.

El reto, y la oportunidad, está en si nuestras ciudades y servicios públicos están preparados para que esos años adicionales se vivan con salud, autonomía y participación. Un municipio que no se adapta al envejecimiento de su población no solo falla a las personas mayores: falla a toda su ciudadanía, porque las políticas pensadas para una vida más larga y activa terminan beneficiando a personas de todas las edades.

Es en este contexto donde cobra sentido el concepto de ciudad amigable con las personas mayores: un modelo de gestión urbana que sitúa el envejecimiento activo, la accesibilidad, la participación social y el bienestar de las personas mayores en el centro de las políticas públicas, no como un área aislada, sino como un eje transversal que atraviesa urbanismo, movilidad, cultura, empleo, seguridad y servicios sociales.

En Silver Economy Group (SEG) llevamos años acompañando a ayuntamientos españoles, de perfiles y tamaños muy distintos, en este proceso. Ese recorrido nos ha permitido identificar doce claves que marcan la diferencia entre un proyecto de ciudad amigable que se queda en el papel y otro que transforma de verdad la vida cotidiana de un municipio.

  Resumen visual de las 12 claves para construir ciudades amigables e inclusivas con las personas mayores

¿Qué significa realmente que una ciudad sea “amigable” con las personas mayores?

La Organización Mundial de la Salud impulsó en 2010 la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, un marco que identifica ocho ámbitos de la vida urbana con impacto directo en su salud y calidad de vida: espacios al aire libre y edificios, transporte, vivienda, participación social, respeto e inclusión social, participación cívica y empleo, comunicación e información, y apoyo comunitario y servicios de salud. En 2026, España vuelve a situarse en el centro de este debate: Donostia-San Sebastián acogerá en junio el III Congreso Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, copatrocinado por la OMS. Pero un marco de referencia, por sólido que sea, no basta por sí solo. La experiencia de trabajar con áreas de Mayores, Servicios Sociales, Urbanismo y Participación de distintos ayuntamientos nos ha enseñado que el éxito de una estrategia de ciudad amigable depende, sobre todo, de decisiones concretas de enfoque, metodología y cultura organizativa.

“Una ciudad amigable con las personas mayores no es la que organiza más actividades para ellas, sino la que las convierte en protagonistas de su propio entorno.”

Las 12 claves para construir ciudades amigables con las personas mayores


1. Pasar de la participación pasiva a la participación activa

Pasar de la participación pasiva a la participación activa de las personas mayores en las ciudades amigables Durante años, la participación de las personas mayores en la vida municipal se ha limitado a asistir a actividades o emitir una opinión consultiva que pocas veces se traduce en decisiones reales. Una ciudad amigable avanza hacia fórmulas donde las personas mayores se convierten en agentes de cambio: grupos motores con capacidad de propuesta, cocreación de proyectos y liderazgo comunitario. Un ayuntamiento puede aplicarlo creando grupos motores estables, no comisiones puntuales, con capacidad real de incidir en el diseño de espacios públicos, programas o servicios. El error más habitual es confundir “escuchar” con “decidir juntos”. Hacerlo bien produce soluciones más ajustadas a la realidad cotidiana y un papel social activo que protege frente a la soledad no deseada.

2. Buscar activamente a quienes no participan

Buscar activamente a las personas mayores que no participan en las actividades y servicios municipales La mayoría de los programas municipales llegan siempre a los mismos perfiles. El problema es quién queda sistemáticamente fuera: los hombres, cuya participación en muchos programas apenas alcanza el 15-20%, las personas con mala salud, quienes acaban de jubilarse, las personas en situación de soledad, la población inmigrante mayor o quienes atraviesan un deterioro funcional incipiente. Un ayuntamiento amigable va a buscar a estas personas, involucrando a agentes comunitarios con contacto cotidiano con ellas: comercios amigables, farmacias, centros de salud, entidades vecinales, bibliotecas. El error clásico es medir el éxito de un programa solo por el número de asistentes. Bien aplicada, esta clave logra una participación más representativa y facilita la detección temprana del aislamiento.

 

3. Construir CON las personas mayores, no para ellas

Construir ciudades amigables con las personas mayores, no para ellas El enfoque de ciudad amigable sitúa a las personas mayores en el centro del diagnóstico y del diseño desde el primer momento: diagnósticos participativos, talleres de cocreación, laboratorios ciudadanos y corresponsabilidad en la ejecución. Un ayuntamiento puede aplicarla con grupos motores, sesiones de world café, design thinking o presupuestos participativos específicos. El error más frecuente es reducir la participación a “preguntar qué necesitan” sin incorporarlas al diseño real de la solución. Hecho bien, el resultado son soluciones más útiles y con mayor apropiación ciudadana.

4. Combatir el edadismo desde todas las políticas municipales

Combatir el edadismo desde las políticas municipales: empatía frente a paternalismo hacia las personas mayores La empatía no debe confundirse con paternalismo. Muchos municipios siguen comunicando la vejez desde la dependencia y la fragilidad, mientras la OMS impulsa una narrativa basada en la diversidad y la ciudadanía activa. El edadismo institucional es, con frecuencia, invisible para quien lo produce. Un municipio puede trabajarlo con guías internas de comunicación amigable, bancos de imágenes positivas y diversas, y formación para el personal técnico. El error habitual es dar por hecho que una campaña bienintencionada no puede ser edadista. Abordarlo con rigor produce narrativas que empoderan en lugar de victimizar.

5. Ver la ciudad amigable como una oportunidad para reducir desigualdades

Ciudades amigables con las personas mayores como oportunidad para reducir la desigualdad y proteger a las personas más vulnerables La amigabilidad no consiste únicamente en ofrecer actividades: es una oportunidad para incorporar a las personas más vulnerables. Esto exige análisis de datos sociodemográficos, escucha activa mediante metodologías participativas y evaluación de políticas desde la perspectiva de las personas mayores. Un ayuntamiento puede aplicarlo priorizando actuaciones con criterios de equidad y coordinando áreas municipales con agentes comunitarios. El error más común es medir el éxito solo por el número de actividades, sin preguntarse si llegan a quienes más las necesitan. 

6. Impulsar la intergeneracionalidad como estrategia permanente Intergeneracionalidad como estrategia permanente para fortalecer la cohesión social entre jóvenes y personas mayores Todos estamos envejeciendo; unos van por delante y otros más atrás. La tendencia en los municipios más avanzados es pasar de actividades puntuales a estrategias permanentes: mentorías recíprocas, bancos de tiempo, voluntariado intergeneracional o centros de convivencia que mezclan el Centro de Mayores con la Casa de la Juventud. El error frecuente es limitar la intergeneracionalidad a eventos aislados sin continuidad. Bien planteada, fortalece la cohesión social y reduce prejuicios entre generaciones. 

7. Incorporar tecnología e inteligencia artificial al ámbito de mayores Tecnología e inteligencia artificial aplicada a la planificación de ciudades amigables con las personas mayores La tecnología y la inteligencia artificial permiten identificar zonas de riesgo, cruzar datos demográficos y optimizar recursos. En el ámbito de la soledad no deseada, hacen posible construir mapas predictivos y priorizar recursos donde el riesgo es mayor. Es importante ser precisos: no sustituyen a los profesionales, son herramientas para anticipar necesidades y medir resultados. El error habitual es ignorar la brecha digital que afecta a buena parte de las personas mayores.  

8. La coordinación comunitaria como factor clave de éxito Coordinación comunitaria y trabajo en red entre áreas municipales y entidades sociales para ciudades amigables con las personas mayores Coordinar es tan importante como actuar. Muchos casos de éxito se apoyan en la coordinación entre áreas municipales, entidades sociales y liderazgo del ayuntamiento, más que en grandes presupuestos: mesas comunitarias estables, protocolos de derivación claros y redes locales bien conectadas. El error habitual es que cada área trabaje de forma aislada, duplicando esfuerzos en unos casos y dejando huecos en otros. 

9. El barrio como unidad de intervención El barrio como unidad de intervención para generar comunidad en ciudades amigables con las personas mayores Los barrios son la escala más adecuada para generar comunidad. En municipios medianos y grandes tiene sentido desarrollar diagnósticos por barrio, indicadores territoriales específicos y grupos motores por distrito, en lugar de trabajar solo con una mirada de conjunto que homogeneiza realidades distintas. El error frecuente es diseñar políticas homogéneas para todo el municipio, ignorando que un barrio periférico y un centro histórico pueden tener necesidades muy distintas. 


10. Impulsar modelos comunitarios de cuidados Modelos comunitarios de cuidados que combinan servicios profesionales y apoyo vecinal para personas mayores El futuro de los cuidados pasa por combinar servicios profesionales y apoyo comunitario: redes de cuidados vecinales, apoyo mutuo entre vecinos, acompañamiento a personas cuidadoras e intercambio de tiempo y habilidades. Un ayuntamiento puede aplicarlo diseñando redes de cuidados de barrio, siempre en coordinación con los servicios sociales profesionales, nunca como sustituto de estos. 

11. Medir el impacto y la transformación social Medición del impacto y la transformación social en proyectos de ciudades amigables con las personas mayores La pregunta ya no es cuántas actividades se hicieron, sino qué cambió, qué mejoró, cuánto costó y qué retorno tuvo. Esto exige incorporar, desde el diseño de cualquier programa, indicadores de resultado, de impacto social y económicos. El error más extendido es limitarse a contar actividades y asistentes como única métrica de éxito. Actuar y medir van de la mano.

12. La amigabilidad es transversal

La amigabilidad con las personas mayores como estrategia transversal en todas las áreas del ayuntamiento

Una ciudad amigable con las personas mayores se construye desde dentro del ayuntamiento y se convierte, en el proceso, en una ciudad mejor para toda la ciudadanía. La lidera el área de Mayores y Servicios Sociales, pero implica a Urbanismo, Movilidad, Cultura, Empleo, Seguridad, Medio Ambiente, Deportes y Alcaldía. El error más limitante es tratar la amigabilidad como un asunto exclusivo de Servicios Sociales, aislado del resto del gobierno municipal.

“Invertir en amigabilidad es invertir en calidad de vida para toda la ciudadanía. No es solo un programa: es una forma de gestionar la ciudad.”

¿Por dónde debería empezar un ayuntamiento?

No existe una fórmula única, pero la experiencia de trabajar con ayuntamientos de perfiles muy distintos permite proponer una hoja de ruta razonable en cinco pasos:

  1. Diagnóstico inicial riguroso. Analizar la realidad sociodemográfica y territorial del municipio, complementada con la percepción directa de las personas mayores sobre los ocho ámbitos de amigabilidad de la OMS.
  2. Escucha activa más allá de la encuesta. Completar el diagnóstico con entrevistas a agentes clave y grupos focales participativos.
  3. Constituir un grupo motor con capacidad real de propuesta. Debe acompañar el proceso desde el diagnóstico hasta la evaluación, no incorporarse solo al final.
  4. Elaborar un plan de acción con indicadores desde el primer día. Cada actuación debe llevar asociados indicadores que midan resultados, no solo actividad.
  5. Implementar de forma transversal y con liderazgo político visible. Un plan que dependa solo del área de Mayores tiene un recorrido limitado.

Una reflexión final

Ninguna de estas doce claves es, por separado, especialmente novedosa. Lo que distingue a los municipios que de verdad logran convertirse en ciudades amigables con las personas mayores no es haber descubierto una fórmula secreta, sino haber tenido la voluntad política y técnica de aplicarlas de forma simultánea, sostenida en el tiempo y coordinada entre áreas. El reto demográfico al que se enfrentan los municipios españoles no va a desaparecer ni a esperar. La pregunta no es si su ciudad envejecerá, sino si lo hará de forma ordenada, equitativa y con las personas mayores como protagonistas, o de manera improvisada. La diferencia se juega, en buena medida, en las decisiones que se tomen en los próximos años.

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