Mujeres maduras en la empresa
  • 29 de marzo de 2021
  • Blanca Fernández
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Quiero reflexionar sobre el artículo publicado recientemente, donde se preguntan por qué somos necesarias las mujeres maduras en el trabajo. ¿Qué aportamos las mujeres maduras a la empresa?

Me llama la atención ya que es un tema que tiene muy poca repercusión en los medios y en la sociedad.

Leyendo el artículo me vino a la memoria esa noticia que nos llegó durante los primeros meses de la pandemia, se hablaba que los países que mejor habían gestionado la incertidumbre del coronavirus estaban gobernados por mujeres. Independientemente de la región del mundo, desde Europa hasta Asia, 7 mujeres eran las que llevaban las riendas de los países donde había mejores resultados en la gestión de este fatídico virus. ¿Casualidad?

En este ámbito de dirigentes políticos a nivel de presidencia de gobierno todavía hay pocas mujeres. Pero va evolucionando.

Bajando un escalón y centrándonos en España vemos que en las empresas del Ibex 35 desde el primer estudio publicado se ha duplicado la cifra de consejeras en el Ibex 35 al evolucionar desde solo 66 en 2011 a las 139 en 2020. Vamos avanzando hacia la igualdad en este terreno.

Pero vayamos al terreno común de la vida laboral en la empresa

¿Qué mejor adaptación al cambio en gran variedad de trabajos que la que hemos vivido los nacidos antes de los años 70? Aprendimos en el colegio con papel y boli, empezamos a trabajar con máquina de escribir, luego nos dieron un ordenador, sin ningún tipo de conexión salvo el enchufe. Luego nos conectamos a la web y ahora vivimos en “la nube”. Si esto no es aprendizaje y adaptación al cambio…

¿Qué aportamos las mujeres una vez cumplidos los 50 años?

 Centrándonos en el género, si a la femineidad le añadimos la edad tenemos el coctel perfecto. El mejor resultado para la empresa.

Las mujeres tenemos algunas cualidades muy interesantes para el entorno laboral cuando superamos etapas vitales.

La maternidad es muy exigente para la mujer y la sociedad tradicionalmente nos castiga por ello.

Cuando hemos pasado esta etapa en la que muchas se han visto relegadas a puestos donde la conciliación entre vida laboral y familiar se hace más fácil, a cambio de menor categoría laboral y menor sueldo. Pasada esta etapa, una vez que los hijos crecen, y los cuidados de los mayores no son muy exigentes todavía, estamos en nuestro mejor momento vital.

En este momento las mujeres estamos en esa plenitud de facultades.

Dicen que los 50 de hoy son los 40 de ayer.

Pues bien, si a esto le añadimos cualidades como la experiencia, la buena forma física y mental, la empatía, la inteligencia emocional, la generosidad, el altruismo, la capacidad de organización del tiempo, la tenacidad y fidelidad, la adaptación al cambio y poner sentido común en todo lo que hacemos.

Con todo este talento tenemos las claves para desarrollar el mejor trabajo dentro de la empresa y crear un buen clima laboral.

En el artículo citado arriba, la Dra Carmen Ochoa habla de la experiencia, no solo laboral, sino la experiencia que aporta el conocimiento para que las relaciones fluyan y evitar conflictos.

Se dice en el artículo “La experiencia es el más valioso de los talentos, no hay nada más caro que pagar por los errores”

La empresa se puede beneficiar del talento maduro y en concreto de lo que aportan las mujeres maduras  

La empresa se beneficia de estas cualidades que ofrece la madurez y que se convierten en bienestar psicológico y mayor productividad. Incluso se empieza a ver en estas cualidades un estilo de liderazgo muy valioso y algo a aprender y  se enseña en cursos de formación empresarial.

Mientras la empresa no valore todos estos rasgos que aportamos las mujeres en la madurez la única salida que tenemos es el emprendimiento.

Quizás es el momento de empezar a valorar lo que podemos aportar a la empresa las mujeres maduras.

 

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